La cuestión de Dios es uno de los problemas que, desde su aparición en la Edad Media en la reflexión filosófica de judíos, cristianos y musulmanes, no va a abandonar a la Filosofía de Occidente hasta el día de hoy. Porque lo que se plantea, a diferencia de la Filosofía griega clásica, no es sólo una reflexión sobre una idea más o menos perfecta que culmina la realidad y es apenas una fuerza más o menos racional. Con la aparición de las grandes religiones monoteístas citadas, lo que encontramos es una deidad que interviene en la existencia humana, que pide de los hombres una determinadas actitudes y que da sentido y dirección a la Historia. Hemos dejado atrás un concepto circular de Universo, en el que todo se repite sin solución de continuidad, y lo que surge es un proceso que ha tenido un principio en la acción creadora de ese Dios, que ha puesto en marcha una Creación que se dirige hacia el punto que Él mismo ha fijado.

En el intento de conciliar la racionalidad humana con la fe en lo no cognoscible, se van a jugar las principales posiciones filosóficas en nuestro continente: en la Edad Media, para conciliar ambas u oponerlas; en la Modernidad para demostrarlas racionalmente, y a partir del siglo XIX en la demostración de la inexistencia de Dios, en la crítica al pensamiento religioso y en la crítica al papel social de las distintas confesiones.

Como la función fundamental de este blog es ampliar los horizontes del estudio en clase, os propongo, por si os interesan, algunas vías de reflexión.

En el cine, son muchos los que han reflexionado sobre este tema. Os recomiendo algunos, aunque no siempre sea fácil de encontrarlos. Para mí es esencial la ‘reflexión teológico-cinematográfica’ de Andreij Tarkovskij: cualquiera de sus películas, pueden tomarse como punto de partida, pero destaco dos Andrei Rublev, de 1966, sobre un monje que, como pintor de iconos, sale para participar en la decoración de una catedral y reflexiona sobre el papel de la fe en un mundo lleno de dolor y sufrimiento. Sacrificio, la última película del autor antes de morir de cáncer en 1986 y que supone casi su testamento cinematográfico y vital, relata la historia de un hombre culto y ateo que, ante la cercanía de la destrucción del mundo en una guerra nuclear, encuentra en la fe la fuerza para convertirse en nuevo ‘mesías’ ofreciendo todo lo que le importa para poder dar a su hijo un mundo futuro en el que poder vivir.

Tarkovskij es un hombre profundamente creyente, católico ortodoxo ruso. Completemos con la mirada contraria: Alain Cavalier, director francés, dirigió Thérèse, (1986) una de las mejores películas sobre el tema que nos ocupa, y que sólo pude ver una vez, y desde entonces me ha sido imposible encontrar. Es la biografía de Teresa de Lisieux, Santa Teresita, una joven monja francesa de profunda vida interior. La película transcurre en un escenario desnudo, sin apenas atrezzo… una maravilla.

Tres más para no cansar. Liliana Cavani dirigió en 1989 Francesco, con Micky Rourke, sobre San Francisco de Asís. Una película sincera de una también atea, aunque algo fallida cinematográfiamente. De la trilogía de Krzysztof Kieslowski, Tres colores, en Rojo Jean-Louis Trintignant interpreta a un juez, que parece un trasunto de Dios en un  mundo en el que ese Dios parece ya no pintar nada. Y finalmente, la película de un católico italoamericano sobre la tragedia que supone la fe La última tentación de Cristo de Martin Scorsese, sobre una novela de Nikos Kazantzakis. Casi indispensable.

Para todas ellas, las referencias las podéis encontrar en ImDb (Internet Movies Data Base, Base de Datos de Películas en Internet) tanto en inglés como en castellano, una de las mejores fuentes, o en las distintas revistas de cine. Os recomiendo la revista Fotogramas, y su archivo de críticas.