Solo un pensador de la talla de Ortega y Gasset puede desvelarnos una de las funciones de la Filosofía, la de encontrar un camino para entender nuestro lugar en el mundo.

Queda lejos ese primitivismo al que hace referencia Ortega en el texto de P.A.U.. Porque, después de la reflexión de Nietzsche y su compañeros Maestros de la Sospecha, Marx y Freud, y sobre todo después de la bárbara experiencia de la II Guerra Mundial (los campos de concentración nazis, la brutalidad de los bombardeos sobre la población civil, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki,…) se hace difícil concebir al ser humano como un “buen salvaje” al modo de Rousseau. Evitamos el otro extremo, el de Hobbes y su homo homini lupus, pero ya sabemos de lo que puede ser capaz el hombre cuando todo su potencial racional y tecnológico se pone al servicio de la destrucción.

En fin, hablaba del fin de la ingenuidad, del ‘primitivismo’. Plantear la convivencia en el siglo XX, el siglo de Ortega, de la Guerra Civil, y en el XXI, nuestro siglo, debe pasar por el reconocimiento de nuestra condición humana. Una condición humana que sólo es posible desde la experiencia vital.

Vivir, para vivir,

sólo vale la pena

vivir, para vivir

Como canta Serrat, lo que realmente importa es vivir, y en la lucha por esa vida cobra sentido nuestra existencia. como náufragos que somos, es la lucha por mantenernos a flote lo que nos hace estar a flote y movernos. Nuestra lucha por vivir es la que nos hace vivir.