(C) Humberto Pérez Gámez

“Aquella mañana, Marta y Luisa no sabían que iban a hacer. Llevaban ya casi un mes de vacaciones en las costas de la Andalucía Mediterránea. Ir a la playa era lo normal a estas horas de la mañana… como cada día, cada mañana en una eternas vacaciones que, claro, pagaban papá y mamá. Ser de una familia bien de Madrid tiene sus ventajas… y sus aburrimientos.

No esperaban lo que aquel día les cambió sus rutinas…

A lo lejos apareció un extraño barco. “Una patera”, gritaban los que ya sabían qué estaban viendo, “una patera con mucha gente”… La patera se acercó a la playa. Marta y Luisa observaban aquellas esqueléticas sombras que apenas podían andar cuando ponían un pie en la playa…

Pero más les sorprendió lo que pasó casi al mismo tiempo. La gente llevaba sus botellas de agua, sus bocadillos, sus toallas,… para ayudar a aquellos varones y mujeres con sus bebes que apenas hablaban y que, por toda respuesta, apenas daban una sonrisa…

Aquel día, el mundo cambió para Marta y Luisa… Por eso esta foto, ayudando a una mujer cansada, apenas un esqueleto…